El reverso tenebroso

El reverso tenebroso

Llegamos al club. Me tapan los ojos. No se ve, pero se oye: música tenebrosa, gritos y aullidos. Se huele el miedo; incluso se saborea. Se palpa el ambiente tenso. Poco tardaron en destaponar ese primer sentido para asistir a un espectáculo de horrores. Nada era lo que parecía en Mizar este sábado.

Se oye el órgano al fondo y el guía nos dice que adelante a través de señas. En todo el recorrido no le oímos articular palabra alguna. El conde, un tal Drácula, se puso como una fiera cuando le interrumpimos en su cita musical vespertina. A dos palmos, con constantes golpes de voz que nos atronan los tímpanos nos recita los horrores que habremos de padecer por haberle importunado: un enfermo poseso por un espíritu eslovaco que echaba espumarajos por la boca, un biólogo trastornado y su obsesión por alguien ausente.

Más adelante, más abajo -más profundo y oscuro-, el carnicero nos hizo pasar el peor trago del pasaje. Prefiero no hablar de ello. A partir de ahí, un ejército de fantasmas, criaturas monstruosas y seres fantasmales nos obligaron a hacer un recorrido laberíntico que parecía no tener fin. A la salida, el cementerio. Decenas de zombies acudieron al reclamo de sangre fresca. Pudimos zafarnos del camposanto y reunirnos con el siniestro guía tras un rocambolesco espectáculo de guiñoles. El hombre de la maza esperaba al final del pasillo y, tras él, la salvación. La salida, el aire fresco y la quietud de una noche de invierno. Todo había pasado.

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Amanecer en la playa

Amanecer en la playa

Han pasado unas semanas desde este viaje, del que todos guardamos un especial recuerdo. Es viernes, empieza la tarde en Madrid, pero la furgoneta ya está en la carretera y acortándole minutos al sol. Rumbo Levante. Aprovechamos los primeros días de buen tiempo en la casa de Edu, en Benicasim. Después de una cena rápida y algunos juegos de mesa ya estábamos en el sobre, preparados para el día siguiente, que empezaba más pronto que nunca.

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6:30. ¿Se puede saber quién ha puesto el despertador a esa hora tan infernal? No hacen falta respuestas. Uno que salta y se calza las chanclas a toda prisa, otro que corre a por su toalla y alguno que no puede dar un paso sin llevarse algo al estómago. Todos en la calle diez minutos después, con un cielo encima que pasa de azul oscuro a naranja de forma casi imperceptible mientras nos acercamos al mar.

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El baño siguió por la tarde, pero antes fuimos a echar un airsoft a una aldea abandonada en el Desierto de las Palmas. Desde donde, por cierto, hay muy buenas vistas de la playa. Aprovechamos un mirador en el camino para congelar el instante.

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Aún nos quedaron fuerzas para ir a la casa de los primos de Álvaro, que nos invitaron a una merienda. Llegamos al pueblo para la Misa y unos minutos más tarde estábamos despidiendo al mismo sol al que desperezamos por la mañana. Nos quedaban unas horas en el paraíso y no las desaprovechamos: cena de pizzas, película y vuelta a empezar. El sol nos volvió a encontrar en el agua al día siguiente.

 

Y así, en dos fotografías más se resume el plan. El que tuvo fuerzas para escalar un árbol…

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… acabó recuperando sueño en el viaje de vuelta.

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Bubble Soccer

Bubble Soccer

Hay cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. El bubble soccer (fútbol-burbuja) es, sin duda, una de ellas. El sábado pasado todos los niveles del club midieron sus fuerzas en un histórico campeonato. Más de sesenta personas se afanaban, por turnos, en controlar la pelota inmersos en una burbuja que hacía todo más complicado… pero mucho más divertido.

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El fútbol era la excusa. Bien lo puede contar la pelota, que pasaba más tiempo en la esquina que entre las piernas de los jugadores. Algunos se hicieron expertos en piruetas y acrobacias, dando volteretas y quedando irremediablemente boca abajo. Con un pequeño empujón volvían a la carga, pero no por mucho tiempo. Bastaba que uno se pusiera de nuevo en pie para que alguien del equipo rival te placara y vuelta al suelo. Siempre entre risas, no hubo que lamentar ningún daño. Los partidos eran tan intensos que a los siete minutos caían rendidos jugadores de uno y otro lado.

Kart eléctrico

Pero aquí no acaba todo. Entre partido y partido, fuera de la pista se formó rápidamente una fila. ¿Dónde acababa? En el nuevo kart eléctrico de Mizar. Los participantes en el torneo de este sábado pudieron disfrutar de unas vueltas en el vehículo más increíble. Después de una cirujía extrema a la que fue sometido el viejo kart, los socios se encontraron con un kart que es eléctrico 100%. Una auténtica pasada.

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Os dejamos con algunas fotos del planazo de este fin de semana. Quién sabe cuándo se volverá a repetir… Esperemos que pronto. De momento, la próxima parada: el verano.

 

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Regalando sonrisas

Regalando sonrisas

Hay aspectos circunstanciales sin los que una realidad nos es incomprensible. Pensamos en la Navidad y en seguida se nos ilumina una estrella, y un montón de luces que flotan sobre las calles o cuelgan de un árbol, la boca se nos llena de esos sabores dulces de finales de diciembre y salen de nuestra garganta villancicos que nos llevan a Belén, hacen sonar campanas y zambombas. En el comedor social de San Martín de la Vega faltaba uno de esos elementos sintácticos de la Navidad: el complemento circunstancial de la felicidad. Si bajamos a la capa semántica comprobamos con sorpresa que se corresponde con la sonrisa de un niño.

 

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Conscientes de esta importancia, en Mizar nos sumamos a la campaña de Cooperación Internacional para hacer pasar una tarde especial a los desfavorecidos, a los amigos más íntimos del Niño, que desde una esquina correspondía con una sonrisa a la cara iluminada por la ilusión de los treinta niños que recibieron sus juguetes de manos de tan distinguidos pajes.

 

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Fotos del campeonato de ocho horas de futbito

Fotos del campeonato de ocho horas de futbito

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Mini-campamento en Las Cabañas

Mini-campamento en Las Cabañas

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Hicimos las maletas y nos fuimos todo el club a Las Cabañas, desde los más pequeños hasta los grandes. Ha sido un mini-campamento con muchos puntos de vista: la de los pequeños de 4º, en su primer campamento y la de los grandes de la ESO, que hicieron el viaje en bici. 35 km de ida y otros tantos de vuelta. ¡Parece que los socios de Mizar están hechos de otra pasta!

 

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